Alguien pintaba mi rostro de blanco y dibujaba en él un par de cejas tan negras, que parecían gusanos. Éstas se levantaban por encima de la órbita de una frente normal. Mis labios se tornaban negros, al mismo tiempo se llenaban de una angustia tal, que sentía cómo mi cara se convertía en una máscara que padecía mucho sufrimiento.
Jalando por los hoyos de la nariz, me arrancaba la careta que me poseía, tentonces toda la angustia devino en una sonrisa de oreja a oreja que me hizo doler la quijada. Me quité también la risa, pero inmediatamente las cejas comenzaron a apretarme la nariz, sin dejarme respirar. Caí desmayado. Durante la caída escuché a una voz que preguntaba:
-¿De dónde vienen los mimos?
Un coro pueril no lagraba adivinar la respuesta.
-Los mimos vienen del mundo de la poesía -dijo la voz-.
Tocando el suelo me encontraba en un pasillo con espejos paralelos pero en ninguno de ellos lograba reconocerme. ¡Ay, ay! Un orfeón estridente lastimaba mis oídos.
Tocando el suelo me encontraba en un pasillo con espejos paralelos pero en ninguno de ellos lograba reconocerme. ¡Ay, ay! Un orfeón estridente lastimaba mis oídos.
-¡Mimo, mimo! -vociferaba-.
Y como transportado a través de un túnel de luz, aparecí frente a un grupo de gnomos que reían mágicamente mientras yo, hacía miles de gestos que no atinaba entender..
Los chicos jugando al teatro
Entre las actividades que el Centro Cultural Comunitario realiza de manera permanente, se encuentra este pequeño taller, dirigido a los niños que habitan en el refugio de la Casa de la Mujer Indígena (CAMI) en Cuetzalan del Progreso, México. Este encuentro tiene como objetivo, despertar en los menores el interés por el arte, la creación y los sueños...
No hay comentarios:
Publicar un comentario