jueves, 13 de enero de 2011

Desarrollo cultural comunitario



Como actuante de un determinado tiempo y espacio, el ser humano está situado en un terreno natural y social que ejerce sobre él una influencia decisiva; de ahí que, para el individuo corriente, no exista acción más espontánea que la de ser partícipe, más o menos activo, de una realidad grupal que le permita reafirmar, constantemente, su propia identidad.
En nuestro país, el trabajo comunitario urge, desde hace ya varios años, nuevos métodos de intervención social que hagan más real y efectiva la implicación de colectivos, grupos u organizaciones civiles en la resolución de aquellos conflictos que afectan a las personas que los forman.
 
Un modelo de transformación social eficaz
Actualmente en el ámbito del trabajo comunitario, se proponen y llevan a cabo nutridos proyectos e iniciativas que tienen como ejes motores las comunidades locales, por un lado, y las prácticas artísticas, por otro, con el único fin de incidir, intervenir y/o mediar en la realidad social imperante.
Este tipo de acciones -de marcado carácter sociocultural-, comparte derechos y obligaciones que le otorgan a sus actuantes, una participación social activa dentro de la comunidad en la que viven, a través de prácticas culturales o artísticas de carácter, fundamentalmente, colaborativo.
Así, y a partir de una reflexión compartida sobre la identidad de la comunidad el desarrollo cultural comunitario se autoafirma como un conjunto de iniciativas locales con el objetivo de expresar mediante los lenguajes del arte y de la cultura, identidades, preocupaciones e ideas, mientras se construyen capacidades culturales y se contribuye a un eficaz cambio social.

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